Te esperaré apoyada en la curva del cielo
todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda.
Seis tunicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarte sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inacesible.
Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu ausencia creadora.
¡Ven a fundirte en mi!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.
Autora Ernestina Champourcin

